Señora, fuimos a ver el resultado de su examen (Serio, asustado, sintiéndome un hombre pequeño)
Ah ya doctor, y como resultó (esperando una noticia ansiada, con la mirada al horizonte, típica de su seguera y de su manera de 'ver' la vida)
Bueno señora, no son buenas noticias, lo que usted tiene es un cáncer al hígado, por eso esta tan amarilla, y no se puede operar (hablando rápido y con una mezcla de pena comprensible y verguenza impotente... me siento un hombre pequeño)
(Y aparece un silencio horriblemente pesado) (Pesado como la vida, o más preciso, la muerte)
Ah ya doctor, no había pensado que podía ser algo así (un poco confusa, con la calma que la caracteriza)
(No se qué decir) Lo lamento señora, de verdad. (Soy un hombre pequeño)
Lo sé doctor, se lo agradezco. (agradecida como siempre, respetuosa como siempre... con 50 años menos me podría enamorar de ella) Cuando quedé ciega, pensé que estaba muerta en vida, viví mi duelo, y encontre nuevas cosas en mi vida. (Linda como la verdad). Pero ahora, no sé qué voy a hacer. No es que le tenga miedo a la muerte, es como yo le llamo el pasar a otra dimensión (cierto). Me da pena dejar a mi hijo, porque soy lo unico que tiene.
(No sé qué decir, me sé un hombre pequeño) Lo lamento señora, de verdad (Creo que si alguna vez lloraré frente a un paciente será ahora)
No se preocupe doctor, yo ya tengo mi vida hecha, tengo setentaysiete años, aunque siento que no he cumplido aún la misión que tengo en esta vida. Pero tengo todo arreglado, incluso tengo pagado mi funeral, mi sepulcro y el traslado. Tengo un espacio junto a mi marido en el cementerio de quilpué. Quise estar preparada, pero siempre quise morirme de un infarto. Asi rápido y sin mayor gasto, pues sé que todo lo que tiene que ver con cáncer tiene muchos gastos.
(pienso en hablarle de FONASA, de la gratuidad de la atención para el tramo A y B, y de la idea de la señora michelle de que C y D tampoco tengan copago. Y pienso en las micros, que no salen tan caras. Pero es ciega, y su hijo trabaja, así que tendrá que ser en taxi. Y me pregunto dónde vive. Y me averguenzo por no saberlo, si es mi paciente preferida. Y que le tengo mucho cariño, tal vez demasiado para tener la conversación que estamos teniendo. Y no me siento nada de bien en esto... y me doy cuenta que estoy pensando en cosas sin importancia, ninguna...) tiene razon señora, lo lamento, de verdad (Sabrá que es verdad? es que me siento un hombre pequeño)
No se preocupe doctor (linda como sostener a mi sobrina recién nacida en mis brazos) Yo sé que usted ha tenido gentilezas conmigo que no tenía porqué, y se las agradezco. Le conté a mi hijo que el Dr. Meza se preocupaba mucho por mi.
(Con 50 años menos y otras condiciones, en definitiva me enamoraría) Con razón no se enojó conmigo cuando conversé con él. (Una broma.) (no fui yo quien conversó con él, soy un hombre pequeño, y no tuve las pelotas. Y con la señora tenía que tener las pelotas, aunque no me gustara la idea, ha sido un sol)
(Y le tomo la mano, tal vez por primera vez, y ella la recibe. Y el contacto dura poco, no me gustaría que sintiera que me da pena toda la situación, que me encuentro sumamente incómodo hablando con ella en esos términos, en esas condicione. Es que tal vez, si no fuera ciega, tendría más mecanismos para defenderse. O ver mi cara y mirarme con desconfianza. O, no sé, ver que estoy inseguro, y pida la opinión de un cirujano y no de un interno de medicina. Aunque lo que le digo no es mi decisión, sino la del equipo de cirujanos.)
Ya señora, la voy a dejar (siempre le aviso cuando llego o cuando me voy. Aunque sé que me escucha llegar, y sabe que estoy ahí. Pero soy un hombre pequeño, y no sé qué más decir, así que opto por ir a escribir a la ficha. Enojado con la vida. O con la muerte) Nos vemos después (Insisto en decirle que nos veremos, e insisto en olvidar que es ciega.)
Bien doctor, muchas gracias. (Gentil como siempre, educada como siempre, agradecida como siempre, suave como siempre.) Nos vemos.
(Y se que esta triste. Y que, por una o por otra, tiene miedo. Y está sola en la oscuridad de su ceguera. Y ella sabe que para mi, ella brilla, pero no lo ve. Y no le puedo regalar sonrisas, no le puedo cerrar un ojo, saludarla desde el pasillo, o dibujarle lo que tiene... Y yo me voy, sabiéndome un hombre pequeño, y con unas palabras censurables sobre lo que soy, cómo me comporto, y elucubrando si fui muy brusco, o muy directo, o muy desgraciado por tener que hacer eso, o si son desgraciados los otros que no quisieron hablar con ella, o si fue mejor que se lo dijera alguien que le tiene cariño, como yo....)
Entonces los 6 años de medicina, las 2500 horas de turno de urgencia, las 17 intubaciones, los cientos de suturas, la cesárea, los dos partos, la apendicectomía, las ligaduras de trompas, los diagnósticos ecográficos de embarazo, los 6 trabajos presentados en jornadas, los 15 cursos, los 5 años de ayudantía, las píldoras del día despues, los reanimadores en los que he participado y el recordar el nombre de mi primera paciente.... no hacen mayor diferencia.
Y en esta noche sólo, despues de un turno, y de un día dificil para mi (y para la señora, porsupuesto), creo que nada hace la diferencia.
El pequeño G.
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2 comentarios:
desconsuelooo
que cuatico todo..
no tengo na que decir..
entiendo el sentimiento de pequeñooo
y te keroo
a vivir la vida nomas. ya aprender!
cuidate ^^
Uf! Chico... Me lo lloré todo. Pero sabes que no es por la situación de tu viejita, sabes lo que pienso de eso... Ella no lo sabe, pero ya se dará cuenta que sí logró su meta en la vida. Es grande, por eso te sientes así de pequeño junto a ella.
Lloro pensando en que ya tienes aquello que te hace el mejor. Es cierto que aún te queda mucho que aprender (a todos nos queda), pero que son sólo meros conocimientos técnicos, de aquellos que que muchos pueden tener pero que no los hacen ser los mejores. Tú tienes el secreto. Y ser el mejor es esto que cuentas, estas cosas, le recuerdas a la gente que son personas, que es posible ser queridas y amadas, porque sabes que puedes querer y amar a la gente, incluso en la situación en la que las conoces, las confortas, las sostienes, no sólo les pones inyecciónes.
Chico, eso te hace un médico del alma... Un verdadero sanador.
Ya te lo dije, es por eso que te quiero tanto, y es por eso que desde hace años, 6 ta vez, que me siento tan orgullosa de ti. Hace muchos años me dijiste, que no pretendías ser el mejor, pero sí muy bueno... creo que no le achuntaste a tus pronósticos. Sin querer, ya lo eres.
Te adoro.
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